jueves, 6 de enero de 2011

Traición y Cobardía

No habían pasado muchos días desde que los frentes de Asturias habían caido, cuando ya comenzaban las cartas y gestos de arrepentimiento de los que habiendo tenido una posición dominante -Comisario de Guerra, p.e.- venían a buscar un lugar en el Nuevo Estado fascista. Lo consiguieran o no, era cosa que dependía de la parentela y de las amistades. En el caso que nos ocupa, el autor de la carta que dirige a la prensa falangista el 7 de noviembre de 1937 -cuando se está asesinando a mansalva en el Concejo de Aller, en el valle del Caudal y en Pajares se entierran por docenas los cadáveres-, Baldomero González, de Mieres, vinculado a los dirigentes socialistas del Frente Popular, denuncia la traición y la cobardía de quienes como González Peña animaban a combatir hasta la muerte sin que se pusieran los ojos hacia el mar. Los familiares de los dirigentes más relevantes habían sido evacuados desde comienzos de septiembre de 1937, otros como "Madorín" ya estaban muy lejos desde hacía meses, otros disculpaban su presencia en Asturias con misiones "importantes" ante el Gobierno republicano ubicado en Valencia. (Parece que a este lo dejaron olvidado en Asturias, él, que había sido Comisario de Guerra y pariente de gente importante).
Hay en la carta de Baldomero González dos verdades: los milicianos y los asturianos fueron traicionados por sus dirigentes (incluidos los comunistas como Ambou, por más que le admire por su sinceridad en las memorias escritas); la segunda, que actuaron como cobardes.
Por lo que toca al tal Baldomero, por más que le asista la razón, no es menos cierto que él mismo -que se codeaba con lo más granado de la dirigencia del Frente Popular- se troca, por mor del destino, en un soberano traidor por cuanto su carta anima a la rendición ante el fascismo.



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